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PISTA 07 / 13

Los días
son extraños

01

"Todas las puertas se me cierran, no quieren verme (o eso parece)."

"En el mundo capitalista el interés a largo plazo ya no se practica: los privilegiados que deciden la suerte de las masas ya no temen compartirla…"
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"En el mundo capitalista el interés a largo plazo ya no se practica: los privilegiados que deciden la suerte de las masas ya no temen compartirla. En cuanto a los sentimientos humanitarios, a pesar de las charlas hipócritas, no intervienen. La economía está basada en el lucro, a él está subordinada prácticamente toda la civilización; sólo interesa el material humano en la medida en que rinde. Después se lo desecha.

Que durante los quince o veinte últimos años de su vida un hombre no sea más que un desecho es prueba del fracaso de nuestra civilización; esta prueba nos angustiaría si consideráramos a los viejos como hombres, con una vida humana detrás de ellos, y no como cadáveres ambulantes.

[…]

Infringí ese tabú, ¡qué indignación provoqué! Admitir que yo estaba en el umbral de la vejez era decir que la vejez acechaba a todas las mujeres, que ya se había apoderado de muchas.

[…]

A los 20, a los 40 años pensarme vieja es pensarme otra. Hay algo aterrador en toda metamorfosis."

— Simone de Beauvoir, La vejez (1970)
02

"Aviones sin motor."

—Hola —le dijo. Absorta en los mecanismos, Mara dio un respingo al escucharla. —¡Hola! ¿Que haces aquí, Alma?…
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—Hola —le dijo.

Absorta en los mecanismos, Mara dio un respingo al escucharla.

—¡Hola! ¿Que haces aquí, Alma? ¿no te tocaba este finde estar con tu padre?

—Sí, escucha. Quiero que me lleves al cielo. Quiero que me lleves tan alto que pueda acariciar los pájaros, oler las nubes, y tocar las estrellas. Quiero que me lleves contigo y no me dejes volver, no quiero volver... no me dejes volver por favor —le dijo algo afectada. Estaba extraña. Parecía mucho mayor que la tarde anterior, mucho mayor que ella.

—Yo... no sé volar —reconoció Mara—. Lo he intentado… lo intenté ayer y antes de ayer, y la semana pasada y en verano. Pero no sé volar.

—Sí sabes volar, Mara. Sabes lo que es el viento y el aire, sabes qué son los pájaros y las nubes, y la lluvia y el sol. Anda, ayúdame a subir y volemos para siempre por el cielo azul, para nunca más volver. Yo estaré contigo, lo haremos juntas.

Mara sabía lo que era el viento y el aire, los pájaros y las nubes. Sabía lo que era la lluvia y el sol. Y con Alma ahí abajo, mirándola, también lo supo. Era verdad. Sabía volar, siempre había sabido.

Mara le tendió la mano para que subiera al avión y respiró hondo mientras se acomodaba a su lado. Se sintió turbada cuando Alma la abrazó con una gran sonrisa.

—Yo cuidaré de ti y tú de mí. No tengas miedo. Vámonos —le dijo, con voz serena.

Mara miró el panel de botones, la miró una vez más y ya no sintió miedo. Volarían siempre juntas, Alma cuidaría de ella y ella cuidaría de Alma.

Empezó a repetir el procedimiento que había visto hacer a su abuela y que ella misma había hecho tantas veces. Pulsó todos los botones, tiró de las palancas y se abrazó al volante, preparada para el rugir del motor. No ocurrió nada.

Volvió a repetir la maniobra y nada. El motor no rugía y el avión no se movía, dejándolas prisioneras en el suelo. Ella no sabía volar, nunca había sabido.

—No... no sé volar... lo siento.

—¡Sí sabes! Sabes volar pero no quieres llevarme...

Y Alma enmudeció. Sus ojos se apagaron, y se hicieron más brillantes.

"Huele a mandarlnas", pensó Mara.

En ese momento, oyeron unas voces que llamaban al otro lado del camino. Alma se apresuró a bajarse del avión.

—Me voy —le dijo—. Tengo que irme.

Y echó a correr sendero abajo.

— Inés Mesa, Aviones sin motor (2013)
03

"Un cuento de hadas."

—¡Mirad qué preciosos zapatos de baile! Y Karen no pudo evitarlo, tuvo que dar unos pasos de baile…
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—¡Mirad qué preciosos zapatos de baile!

Y Karen no pudo evitarlo, tuvo que dar unos pasos de baile, y en cuanto empezó, las piernas siguieron bailando, era como si los zapatos hubieran tomado el control sobre ellas; bailó alrededor de la esquina de la iglesia, no podía parar, el cochero tuvo que correr tras ella y agarrarla, y la subió en brazos al carruaje, pero los pies siguieron bailando, de modo que le dio unas patadas terribles a la buena y anciana señora. Por fin lograron quitarle los zapatos y las piernas se quedaron quietas.

[…]

Pero cuando ella quería ir hacia la derecha, los zapatos bailaban hacia la izquierda, y cuando quería subir por el salón, los zapatos bailaban hacia abajo, bajaron las escaleras, cruzaron la calle y salieron por la puerta de la ciudad. Bailar hacía y bailar debía, directamente hacia el oscuro bosque.

Entonces vio un resplandor entre los árboles y creyó que era la luna, porque era un rostro, pero era el viejo soldado de la barba roja; estaba sentado asintiendo con la cabeza y dijo:

—¡Mirad qué preciosos zapatos de baile!

Ella se aterrorizó y quiso quitarse los zapatos rojos, pero estaban atascados, y se arrancó las medias, pero los zapatos se le habían quedado pegados a los pies, y bailar hacía y bailar debía por campos y prados, bajo la lluvia y bajo el sol, de noche y de día, pero de noche era lo más espantoso.

[…]

Bailar hacía y bailar debía, bailar en la oscura noche. Los zapatos la arrastraron sobre zarzas y rastrojos, se arañó hasta sangrar; bailó por el páramo hasta llegar a una casita solitaria. Sabía que allí vivía el verdugo, y golpeó el cristal de la ventana con el dedo y dijo:

—¡Sal! ¡Sal! ¡No puedo entrar, porque estoy bailando!

Y el verdugo dijo:

—¿Acaso no sabes quién soy? ¡Yo corto la cabeza a la gente mala, y noto que mi hacha está temblando!

—¡No me cortes la cabeza! —dijo Karen—, ¡porque entonces no podré arrepentirme de mi pecado! ¡Pero córtame los pies con los zapatos rojos!

Y entonces ella confesó todo su pecado, y el verdugo le cortó los pies con los zapatos rojos, pero los zapatos siguieron bailando con los piececitos por el campo hacia el bosque profundo.

— Hans Christian Andersen, Los zapatos rojos (1845)
04

"Guiones falsos con mi almohada."

"Este papel pintado tiene una especie de dibujo secundario, de un tono diferente, especialmente irritante…"
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"Este papel pintado tiene una especie de dibujo secundario, de un tono diferente, especialmente irritante, porque solo puede verse con cierta luz, y ni siquiera entonces con claridad.

Pero en los lugares donde no está descolorido y donde el sol incide justo de determinada manera, puedo ver una especie de figura extraña, provocadora y sin forma definida, que parece agazaparse detrás de ese dibujo frontal, absurdo y llamativo.

[…]

Empiezo a encariñarme de verdad con la habitación, a pesar del papel pintado. Quizá precisamente por el papel pintado.

¡No consigo sacármelo de la cabeza!

Me tumbo aquí, sobre esta enorme cama inmóvil —creo que está clavada al suelo—, y sigo el dibujo durante horas. Es como hacer gimnasia, os lo aseguro. Empiezo, pongamos, abajo, en aquella esquina donde no lo han tocado, y por milésima vez me propongo seguir ese dibujo sin sentido hasta llegar a alguna conclusión."

[…]

"Por supuesto, ya no vuelvo a mencionárselo a nadie —soy demasiado lista para eso—, pero sigo vigilándolo igualmente.

Hay cosas en ese papel que nadie conoce salvo yo, ni conocerá jamás.

Detrás del dibujo exterior, las formas borrosas se vuelven cada día más claras.

Siempre es la misma figura, solo que aparece muchas veces.

Y parece una mujer inclinada, arrastrándose por detrás del dibujo. No me gusta nada. Me pregunto… empiezo a pensar…

[…]

John estaba dormido y no quería despertarlo, así que permanecí quieta observando la luz de la luna sobre aquel papel ondulante hasta que empecé a sentir escalofríos.

La figura tenue que había detrás parecía sacudir el dibujo, como si quisiera salir.

Me levanté en silencio y fui a tocarlo, para comprobar si el papel se movía…"

[…]

"Hay una peculiaridad muy marcada en este papel, algo que nadie parece advertir salvo yo: cambia cuando cambia la luz.

[…]

Por la noche, con cualquier tipo de iluminación, al anochecer, a la luz de las velas, de las lámparas y, peor que nada, bajo la luz de la luna, ¡se convierte en barrotes! Me refiero al dibujo exterior, y entonces la mujer que está detrás se distingue con absoluta claridad.

Durante mucho tiempo no comprendí qué era aquello que aparecía detrás, ese dibujo tenue y secundario, pero ahora estoy completamente segura de que es una mujer.

[…]

A veces se me ocurre, casi como una hipótesis científica, que quizá sea por el papel.

He observado a John cuando no sabía que lo estaba mirando, y he entrado de repente en la habitación con los pretextos más inocentes, y varias veces lo he sorprendido mirando el papel. ¡Y a Jennie también! Una vez sorprendí a Jennie con la mano sobre él.

[…]

Entonces me dijo que el papel manchaba todo lo que tocaba, que había encontrado manchas amarillas en mi ropa y en la de John y que deseaba que tuviéramos más cuidado.

¿No sonaba aquello inocente? Pero yo sé que estaba estudiando ese dibujo, y estoy decidida a que nadie descubra su secreto salvo yo.

Ahora la vida es mucho más emocionante que antes. Verás, ahora tengo algo que esperar, algo que aguardar con ilusión, algo que vigilar."

— Charlotte Perkins Gilman, El papel pintado amarillo (The Yellow Wall-Paper, 1892) · traducción propia del original en inglés
05

"Y soportar la incertidumbre."

En edición
06

"¿Alguien da más? Esto se hunde."

En edición
07

"Y retomar lo que empecé. Los días son extraños."

En edición
08

"Así me siento hoy, es un día raro. Correos sin leer, café a diario."

Reservado
09

"Paredes sin color, ideas claras."

En edición
10

"Agujeros negros en papel de plata."

En edición
11

"Y retomar lo que empecé, los días son tan largos."

En edición
12

"Y controlar la situación. Hay más de diez mil grados."

En edición
TODAVÍA NO